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PLA, PETG, TPU y ABS: qué filamento necesitas de verdad

La tienda tiene cuarenta filamentos y todos prometen ser resistentes. En la práctica, para una impresora doméstica, la decisión se reduce a cuatro materiales y a una pregunta: ¿dónde va a acabar la pieza?

La tabla que resuelve el 90 % de las dudas

MaterialPara qué sirveTemperatura orientativaDificultad
PLADecoración, figuras, maquetas, prototipos, regalos, casi todo lo de interior195–215 °C · cama 55–60 °CFácil
PETGPiezas funcionales, exterior, cocina, soportes que aguantan peso230–250 °C · cama 70–80 °CMedia
TPUTodo lo que tenga que doblarse: fundas, juntas, topes, ruedas215–235 °C · cama 40–60 °CMedia-alta
ABS / ASAPiezas para el coche, exterior con sol directo, mecánica que se calienta240–260 °C · cama 95–110 °CAlta

Las temperaturas son un punto de partida. Cada bobina, incluso del mismo fabricante y color distinto, tira mejor a una temperatura ligeramente diferente: por eso se hace una torre de temperaturas al estrenar material.

PLA: empieza aquí, sin complejos

Se imprime a temperatura baja, no huele apenas, no se deforma al enfriar y perdona errores de calibración. Es el material con el que vas a hacer el 80 % de tus piezas durante el primer año, y no porque seas principiante: es que para decoración, maquetas, organizadores de interior y regalos es sencillamente el mejor.

Su única debilidad seria es el calor. Empieza a ablandarse alrededor de los 55–60 °C. Traducción práctica: un soporte de móvil dentro del coche en agosto en Madrid se te va a doblar. Un tiesto en el alféizar al sol, también. Todo lo que sea interior y a la sombra, ningún problema durante años.

Un detalle que se agradece: el PLA se fabrica a partir de almidón vegetal, así que no depende del petróleo. No es «biodegradable» en el cubo de casa, ojo, eso es marketing: necesita compostaje industrial.

PETG: el que deberías tener como segundo material

Es el plástico de las botellas de refresco, en bobina. Aguanta bastante más calor que el PLA, resiste la humedad y el sol mucho mejor y es más tenaz: en vez de romperse en seco, se dobla antes de ceder. Para cualquier pieza que tenga que trabajar —un soporte de pared, una pinza, algo que va fuera— es la elección.

A cambio te pide dos cosas. Primero, secarlo: absorbe humedad del ambiente con avidez, y una bobina húmeda imprime con chasquidos, burbujas y superficies rugosas. Segundo, ajustar la retracción, porque tiende a dejar hilillos entre piezas. Ninguna de las dos es grave; las dos sorprenden si nadie te avisa.

Si vives en Madrid y guardas el PETG en una estantería abierta, en dos semanas está húmedo. Bolsa hermética con gel de sílice, siempre.

TPU: goma, con sus reglas

El flexible. Sirve para fundas, juntas, topes de puerta, ruedas, mangos antideslizantes y cualquier cosa que tenga que absorber un golpe. Verás que se vende con una dureza indicada tipo 95A o 85A: cuanto más bajo el número, más blando y más difícil de imprimir.

Se imprime despacio, entre 15 y 30 mm/s, y con retracción muy corta o directamente sin ella. Un extrusor de tipo directo lo lleva mucho mejor que uno con tubo largo, donde el filamento se comba en el camino como un espagueti empujado por un tubo. Si tu máquina es de tubo largo, se puede, pero baja la velocidad y arma paciencia.

ABS y ASA: solo si de verdad los necesitas

Aguantan mucho más calor —el ABS empieza a ceder cerca de los 100 °C— y el ASA además resiste los rayos UV sin volverse quebradizo, que es la razón por la que se usa en piezas de exterior. Es lo que quieres para algo que va en el salpicadero del coche o atornillado en una fachada.

El precio a pagar es alto: se contraen al enfriar, así que se levantan por las esquinas si no tienes la máquina cerrada; y sueltan un olor fuerte y partículas que no quieres respirar en una habitación sin ventilar. No los empieces sin impresora cerrada y ventilación. Y si tu única razón para quererlos es «que sea más resistente», casi seguro que lo que buscas es PETG.

Qué comprar en tu primer pedido

  • Dos bobinas de PLA de un fabricante decente, en los colores que más vayas a usar. No compres seis colores el primer día: acabarás con cinco medio empezadas y una vacía.
  • Una bobina de PETG, transparente o negro, para las primeras piezas funcionales.
  • Bolsas herméticas y gel de sílice. Cuestan cuatro euros y salvan bobinas de veinte.
  • TPU solo cuando tengas un encargo concreto. Sin necesidad real, se te va a quedar la bobina cogiendo humedad.

¿Merece la pena el filamento caro?

Hasta cierto punto, sí, y no por el color. Lo que pagas en una bobina buena es tolerancia de diámetro constante (que no varíe entre 1,70 y 1,80 mm a lo largo del rollo) y bobinado limpio, sin cruces que provoquen un tirón a las seis horas de impresión y te arruinen la pieza. Ese tirón, cuando pasa a las tres de la mañana en una impresión de doce horas, cura para siempre las ganas de ahorrar tres euros.

Dicho eso, hay fabricantes españoles con muy buena relación calidad-precio, y comprar aquí te ahorra semanas de espera y problemas de aduanas. En el asesoramiento te digo con qué marcas trabajo yo y por qué.

El enemigo que nadie te menciona: la humedad

Casi todos los filamentos absorben agua del aire. Un filamento húmedo hace ruidos secos al imprimir, deja la superficie rugosa, aparecen burbujas y las piezas salen frágiles. La gente cambia de máquina pensando que se ha estropeado cuando lo único que pasa es que la bobina lleva tres meses abierta encima del radiador.

Solución barata: bolsa hermética con gel de sílice entre impresiones. Solución buena: un secador de filamento, que además te deja imprimir directamente desde él. Y truco de urgencia: cuatro horas a 50 °C en el horno con la puerta entreabierta recuperan una bobina de PLA, aunque hay que vigilarlo.